Mi experiencia en el parto - Parte II

05 marzo, 2020

Experiencia maternidad respetada

Debo confesar que de todo esto tengo recuerdos confusos. 

Quizás las horas no son tan exactas como en la primera parte de mi experiencia, y el orden de lo sucedido necesitaré que lo verifique Rubén antes de publicar este post. Sin duda, a estas alturas guardo más detalles de cómo me sentí durante el proceso, que del procedimiento en sí, pero estoy segura de que estas sensaciones no solo me pasan a mí. 


El parto. 

Seguimos donde lo dejamos en el anterior post: 

 12:30p.m.

Nos instalamos en la sala de parto, con contracciones cada menos de 5 minutos, pero con solo 2cm de dilatación

Cuando hacía algunas semanas preparamos nuestro plan de parto con la guía del personal del hospital que nos atendería, pudimos decidir nuestras preferencias durante el procedimiento y así respetarían nuestros deseos, siempre que fuese posible, porque también dejamos muy claro que ante cualquier riesgo o complicación podrían proceder según su criterio médico y eso me daba la tranquilidad de estar en buenas manos. 

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Mi ilusión era que fuese un parto vaginal y lo más natural posible, y por eso habíamos pedido sala de parto con bañera para la dilatación, y muchas otra opciones para evitar a toda costa la anestesia epidural, a la cual le tenía mucho respeto. 

La primera noticia, tras acomodarnos, fue que el equipo de ginecólogos habían descartado mi preferencia de la bañera debido a un problema cardíaco congénito que yo tengo, así que, a pesar de tenerla disponible, no me dejarían utilizarla. Entendí que había un riesgo y lo acepté.


 13:30h 

Las contracciones seguían ahí, no eran muy dolorosas, pero su frecuencia y llevar ya 8:30h con ellas empezaban a tenerme agotada, incluso somnolienta. 

Mientras Rubén me realizaba uno de esos masajes lumbares que nos habían enseñado en clases para rebajar los calambres, los cuales también habíamos practicado mucho las últimas semanas de embarazo para aliviarme el dolor de espalda, entró la matrona y nos planteó la posibilidad de poner una dosis de anestesia epidural

De entrada yo no quería ni oír hablar de ello, pero no se dio por vencida y tras revisar que la dilatación seguía siendo insuficiente su argumento hizo que dedicara unos segundos para pensarlo de nuevo:

“Llevas casi 9h con contracciones, solo has dilatado 2cm, y hasta llegar a los 10cm pueden pasar muchas horas mas . Si sigues desgastándote así, al llegar el momento no tendrás tantas fuerzas para empujar.” 


 14:00h 

Tenía razón, así opté por la opción de la “walking epidural” para poder seguir realizando ejercicios que ayudasen a mi bebé a encajarse en el canal de parto y salir. 

¿Walking epidural? ¿Qué es? 
"La epidural móvil o walking epidural es una modalidad en la que se emplean dosis mínimas de anestésico para conseguir dos objetivos fundamentales: la analgesia y la ausencia de bloqueo motor. Evidentemente, es una opción más a elegir, que no excluye la epidural convencional, y que va orientada a las mujeres que demandan más participación y autonomía en el parto"


Aquí empieza uno de los dos momentos más duros del parto, y no porque lo fuese, si no por el miedo que yo le tenía. 

Desde el principio del embarazo la idea de ese pinchazo entre dos vértebras, el no poder moverme mientras me la ponían y ser tan importante no hacerlo, me hacía sentir mucha inseguridad hacia este procedimiento y eso se convirtió en motivo suficiente, y algo irracional, para querer evitarla todo cuanto me fuese posible. Es cierto que nunca dije “nunca”, porque el transcurrir de la situación marcaría la última palabra y finalmente me pesó más poder tener la fuerza suficiente para empujar y evitar cesárea, ¡y menos mal que lo hice! 


14:30h 

Llega la anestesista con sus bártulos y no quise ni mirar. Me dio las indicaciones para llevar a cabo el procedimiento y en ese momento empecé a temblar. 

Recuerdo estar sentada sobre la cama, muy incómoda con mi inmensa barriga. Tenía a Rubén de frente, cogiéndome las manos y tratando de tranquilizarme mientras yo estaba completamente desencajada, sudando y al borde de ponerme a llorar mientras prestaba atención a cada movimiento de mi espalda, pero sobre todo, a la llegada de mis contracciones. La anestesista me contaba cada cosa que hacía, pero apenas podía oírla. Estaba muy nerviosa, tenía la sensación de estar yendo muy lento, y me costaba hasta respirar. Bueno, quizás es que hasta la respiración me estaba aguantando por no querer moverme. Finalmente, todo terminó abruptamente, apenas sentí el pinchazo y menos aún el catéter que me habían dejado por la espalda para aumentar la dosis si era necesario. 

Sin duda, había magnificado ese momento en mi cabeza y los nervios que pase en esos minutos habían terminado de agotarme. 

Al finalizar el proceso pedí quedarme tumbada un rato para poder descansar ahora que no iba a sentir tanto los calambres de las contracciones. 

Experiencia maternidad respetada


 15:00h 

Me había quitado unos buenos pesos de encima, el miedo a la anestesia epidural y a los calambres constantes. Ahora me sentía cansada, pero animada, y desde la cama, recostada, respondí a los mensajes de WhatsApp como si nada estuviese pasando. También revisé Instagram y grabé videos para el recuerdo. Todo mientras Rubén estaba tumbado a mi lado, tranquilamente, comiéndose un bocadillo. ¡Con el hambre que tenia yo!


 15:30h  

La matrona vino de nuevo a ver cómo iba la situación. Aunque me habían estado monitorizando las contracciones, necesitaban hacer las exploraciones pertinentes para ver cómo iba el proceso de parto. Aún estábamos a tan solo 4cm de dilatación. En cierto modo lo agradecí porque me estaba dando el sueño otra vez y tenía toda la intención del mundo de echarme a dormir. Ya me levantaría más tarde teniendo en cuenta que parecía que eso iba para largo. 

 15:50h 

Menos de veinte minutos durmiendo, y a saltos, porque cada vez que la matrona, una enfermera o alguien del personal entraba en la sala de parto me despertaba ligeramente. Y en ese momento, tras revisar las contracciones decidieron hacer una nueva exploración. LA EXPLORACIÓN

En cuestión de segundos todos mis sentidos se despertaron de golpe cuando, de repente, oigo a la matrona decir: “10cm, ya está aquí”.

Mis ojos, como platos, miraron a Rubén que se disponía a agarrarme la mano por el lado izquierdo de la cama, mientras me ayudaban a colocarme en una posición cómoda para empezar a empujar. Yo recuerdo que le dije: “no voy a poder, tengo mucho sueño”.

Enseguida oigo como una matrona le dice a otra compañera que el bebé viene mirando hacia arriba y que hay que intentar girarlo. En ese momento empieza la segunda parte más tensa del parto. 

Todas mis alertas se activan cuando noto como la matrona intenta dar la vuelta al bebé con la mano. Pero comenta que no es capaz porque está muy encajado y que tendría que sacarlo ya. Al momento me dicen: “Bien Yania, tienes que empujar con todas tus fuerzas hasta que te digamos que pares” 


No sabía ni de dónde sacar las fuerzas, me sentía débil, tenía la sensación de estar haciendo un esfuerzo titánico a la vez que la impresión de no estar haciendo nada porque mi bebé no salía. Empecé a sentirme muy preocupada por la importancia que estaban dando a la posición del bebé, y es que justamente eso era lo que hacía que fuese tan difícil hacerle salir. No dejaba de oír comentarios entre las profesionales que me acompañaban hablando de posibles fórceps, de que no podíamos perder tiempo, etc. 

Me dieron un ultimátum sin especificar que pasaría después si no conseguía sacarlo por mí misma.

Mi cabeza empezó a montarse películas de terror y en ese momento, me dije a mi misma que iba a salir sí o sí, que ni fórceps, ni cualquier otra instrumento. Empuje con valentía, mucha fuerza y sin drama. Sin gritos, sin ponerme histérica. No me dolía nada, yo solo sentía una presión por todo mi cuerpo, sabía que estaba a muy poco de poder tenerle en brazos y yo solo quería que todo fuese bien. 

Una matrona se dispuso a ayudarme haciendo presión en la parte alta de mi barriga a la vez que yo empujaba, mientras otra sujetaba la cabeza que ya asomaba, y Rubén me daba todo ese apoyo que estaba necesitando para decirme que SÍ PODIA HACERLO. Con ese intento, salió la cabeza, que era lo que más preocupaba, y con otro más, se acabó. 

Experiencia maternidad respetada


 16:28h 

Esa es la hora que comunicaba la matrona mientras me ponían a Ian sobre mi pecho. El se quedó apoyado sobre sus bracitos, mirándome con unos ojos enormes y con la piel algo morada. Mientras Rubén traía su arrullo y gorrito yo no pude evitar fijarme en la forma de cabeza, que estaba bastante deformada, y sin apartar la vista de él pregunté “¿la cabeza no le quedará así, verdad?” Sí, lo sé, sonará a chifladura pero en ese momento sólo necesitaba que alguien me confirmase que había llegado bien y que todo estaba normal, y con esas palabras fue como lo pude expresar. Con la enorme sonrisa de aquellas dos mujeres que me habían asistido entendí que estaba todo perfecto. Y me relajé, empecé a disfrutar y sacamos el móvil para hacernos nuestra primera foto juntos y comunicar la noticia al resto de la familia. 

Los tres nos quedamos embobados, mirándonos y abrazándonos. Muy felices de dar la bienvenida a esta nueva etapa a la vez que nos sentíamos sorprendidos de lo rápido que había pasado todo. Y ya no hablo sólo del parto, que fue maravilloso, yo también pensé en el embarazo completo: nueve meses compartiendo juntos una experiencia irrepetible, dos corazones en un mismo cuerpo, sintiendo sus movimientos dentro de mí, la tranquilidad de dormirme acariciando la barriga sabiendo que todo estaba bien... todo lo iba a echar de menos desde ese día.


Hicieron las pruebas pertinentes a Ian mientras él ya estaba enganchado al pecho y luego me comentaron que yo no tenía ni el más mínimo rasguño, así que nada de puntos. Estaba genial. 


Experiencia maternidad respetada

Tuve el parto que siempre desee 

Miré a Rubén tratando de agradecerle todo lo que hicimos juntos para que ese momento hubiese salido tan bien y como siempre había querido, porque, a pesar de los momentos tensos y del agotamiento, había tenido un parto rápido, no había sufrido apenas dolor con las contracciones, ni siquiera antes de la walking epidural, y eso fue por ser constantes con todas las recomendaciones que nos dieron en las clases de preparación al parto. Reducimos dolor en las contracciones con los masajes lumbares que tanto habíamos practicado y conseguimos evitar el temido desgarro con ejercicios en la zona pirenal durante todo el último mes. Es evidente que todos los esfuerzos se vieron recompensados, y tengo que agradecer infinito lo mucho que Ruben se involucró en cada aspecto durante el embarazo, su apoyo fue fundamental en todo momento.

Quien me visitó al día siguiente alucinaba con lo bien que yo me sentía físicamente tras el parto; y yo tampoco daba crédito. No tenía dolor, apenas sentía molestias, estaba muy animada y completamente entregada a esa personita que acababa de llegar, revolucionando por completo todas mis perspectivas. 

Soy consciente que esta experiencia ha roto todos los miedos que me habían infundado con mil historias para no dormir, pero aún así, si repetimos, volveré a sentir cierto temor, porque cada embarazo es un mundo y se pueden presentar muchas circunstancias llegando el momento. Lo que sí cambiará en una segunda experiencia es que tengo claro que voy a oír menos y escucharme más


Experiencia maternidad respetada


Confiad en vosotras mismas, seguid vuestra intuición, y pensad que estamos diseñadas para esto. Claro que somos capaces, podemos hacerlo. 

¿Qué es lo que más  recuerdas de tu experiencia? 
¿Qué miedos tienes? 

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